CAMBIOS EN MI COCINA I: PLÁSTICOS

Hoy os cuento, cómo afectó mi experiencia a los materiales que utilizamos en la cocina.

Comencé a concienciarme de la exposición que tenemos a ciertos contaminantes químicos que impactan en nuestra salud. De hecho, en el hogar se acumulan sustancias químicas de muy distinto tipo: plásticos en el hogar, ciertos tejidos, productos de limpieza, pinturas, tóxicos en materiales de cocina, …

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En lo que se refiere a los plásticos en el hogar, además de que son muy contaminantes en su producción y la mayoría no son biodegradables, hay algunos que pueden liberar sustancias tóxicas que se pueden comportar como disruptores endocrinos. Los disruptores endocrinos son sustancias químicas, ajenas al cuerpo humano, capaces de alterar el equilibrio hormonal de nuestro organismo, es decir, de generar la interrupción de algunos procesos fisiológicos controlados por hormonas, o de generar una respuesta de mayor o menor intensidad que lo habitual. Ejemplos de disruptores endocrinos en los plásticos que utilizamos son el bisfenol A y los ftalatos.

El Bisfenol A (BPA) es un compuesto que forma parte del plástico, que al interferir en nuestro sistema hormonal puede producir tumores hormonodependientes.

De los plásticos pueden liberarse cantidades de BPA a los alimentos. De hecho, en España ya no pueden comercializarse ni importarse biberones de plástico para lactantes que contengan Bisfenol A, es decir, que no puede haber estos productos en el mercado.

Por su parte, Francia decidió eliminar el bisfenol A en cualquier tipo de material en contacto con los alimentos, incluso en  el interior de las latas de comida (es el recubrimiento de plástico que hay entre la lata y el alimento que contiene). Sin embargo, en España esto aún no se ha suprimido, y persiste por tanto en recipientes de plástico y latas de comida.

Los ftalatos son compuestos químicos que se utilizan para que los plásticos sean más flexibles y difíciles de romper. A ellos se asocian problemas con el desarrollo y la reproducción, ya que también se comportan como disruptores endocrinos.

Así pues, tanto los ftalatos, como el bisfenol A son tóxicos con acción hormonal que se van depositando poco a poco en nuestro organismo. La comunidad científica no tiene claro cuál es el umbral seguro de exposición a estas sustancias, es decir, no se sabe cuál es el nivel seguro de exposición.

Y tanto unos como otros, se liberan en mayor grado cuando aplicamos calor a estos materiales, por ejemplo cuando calentamos un recipiente de plástico en el microondas.

Así que básicamente, después de saber todo esto, cambié la mayoría de los recipientes de plástico de mi cocina por los de vidrio, y estoy contenta porque se limpian más fácilmente y además puedo calentar la comida en ellos (si son resistentes al horno): los meto al horno con el gratinador a baja temperatura y tengo la comida lista en un santiamén. También utilizo botes de cristal de distintos tamaños para almacenar en la nevera cremas, sopas, guisos o restos de cualquier alimento.

Igualmente, dejé de utilizar el papel de aluminio y he reducido mucho el uso del film transparente. Ahora casi todo lo meto en botes de cristal ej.: retos de haber hecho algún guiso como media cebolla, aguacate, un trozo de jenibre, …

Por supuesto, no os recomiendo nunca, nunca utilizar recipientes plásticos para calentar alimentos, ni verter comida caliente en ellos. Y cuando compréis cualquier recipiente de plástico mirad si indica que no contiene BPA. Suele venir indicado como “NO BPA” o “BPA Free”.

Aquí os dejo también un par de vídeos interesantes sobre el tema: uno de La Sexta, en el que hablan del bisfenol A a partir del minuto 22 aproximadamente:

Y este otro de una entrevista al Dr. Nicolás Olea, Catedrático de Medicina y Científico del Hospital San Cecilio de Granada.

EFECTOS SECUNDARIOS EN PIES Y MANOS

Al poco tiempo de comenzar mi tratamiento de quimioterapia empecé a notar enrojecimiento en la piel de las manos y los pies, acompañado de cosquilleo, ardor y a veces dolor. En mi caso fueron sobre todo las manos las que tenía más afectadas, de hecho a veces tenía dificultad a la hora de utilizarlas en tareas que precisaran fuerza y se me pelaban con frecuencia.

Espero que sea de utilidad a quien lo esté padeciendo, y a quienes vayáis a comenzar un tratamiento de quimioterapia quizás os venga bien la información.

Lo que hice para mitigar estos efectos fueron varias cosas:

  • Evitar esas tareas que requerían fuerza o fricción: manejo de ciertas herramientas por ejemplo, incluso abrir ciertos envases.
  • Atención en la cocina y a la hora de fregar los platos. Siempre utilizando guantes de goma o de vinilo, poniendo debajo otros de algodón.
  • Evitar el contacto directo con detergentes de ropa o productos de limpieza, que pueden contener sustancias abrasivas.
  • Evitar caminar descalza.
  • Visitar al podólogo con regularidad, informándole del tratamiento que estaba llevando para que no me hiciera limpiezas muy profundas.
  • Utilizar calzado cómodo y holgado.
  • Utilizar cremas de calidad para hidratar la piel: en mi caso, aceite de almendras o de coco principalmente y de la farmacia me aplicaba Pliazon de Merck Serono, que es una crema que ayuda a controlar erupciones cutáneas en pacientes oncológicos.

El tratamiento también afectó a las uñas de mis manos, que se tornaron moradas (como si me hubiera entallado los dedos con una puerta, para que os hagáis una idea), se volvieron débiles y se levantaron de piel (sin llegar a desprenderse). Todo esto hace que las uñas sean más propensas a infectarse e incluso caerse. Para contrarrestar estos efectos os cuento lo que hice porque me fue realmente bien.

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Dos veces al día, una por la mañana y otra por la tarde-noche, disponía en un bol agua templada con un buen chorro de betadine y sumergía los dedos en este preparado durante 5 minutos. Después los secaba muy bien con gasas estériles. De este modo, evité infecciones y mis uñas se mantuvieron sanitas todo el tiempo.

EL DÍA DE LA QUIMIO

Recuerdo el primer día de quimioterapia. Estaba asustada, nerviosa, expectante por ver cómo iba a tolerarla… pero al llegar vi a un equipo médico estupendo, me explicaron todo, me tranquilizaron y animaron. En esos días pude comprobar el valor inmenso que tiene una sonrisa.

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Con la práctica, fui implementando cosas que me hicieron esos días más agradables y llevaderos, y quiero compartirlo con vosotros. Ahí van!

Si puedes ir acompañado y te apetece, mucho mejor, ya que se te pasará el rato de forma más amena. Pienso que es muy importante contar en todo este proceso con personas positivas que puedan apoyar y acompañarte. Para mí fue algo esencial, sin lo cual estoy segura que nada hubiera sido igual.

Utiliza ropa cómoda y holgada. La espera suele ser larga y es preferible que las prendas no te opriman para sentirte confortable. Siempre es útil llevar una rebeca, sudadera o manta ya que el tratamiento reduce la temperatura corporal.

Una vez allí te darás cuenta que hay gente que le gusta charlar, leer, oír música, dormir, …

Ya descubrirás lo que más te guste o te apetezca hacer, pero por si acaso, lleva algo de lectura o música de tu gusto, aquí tienes algunas sugerencias. Ve bebiendo agua, que es buena para ir eliminando la medicación, y lleva también algo para picar (yo solía llevar fruta fresca o frutos secos).

Mientras recibía el tratamiento en la sala de quimio, a ratos me concentraba en pensar que todos esos medicamentos eran buenos para mí y que me iban a curar. Pienso que siempre es mejor ocupar la mente en pensamientos positivos de este tipo, que estar pensando por ejemplo en que te van a sentar mal o en los efectos secundarios que pueden provocarte.

Una vez en casa, es importante seguir bebiendo agua y comer alimentos suaves que sienten bien al estómago para tener digestiones ligeras. Si puedes incluir crucíferas, mucho mejor. Las setas son también interesantes ya que estimulan el sistema inmune.

Siempre me daba un relajante baño de sal para eliminar toxinas.

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Después de cada sesión intentaba entretenerme con una película graciosa, compañía agradable, lectura, …, lo que fuera antes de estar mirándome el ombligo. De esta manera, el día más cansado lo pasaba de la manera más placentera posible.

Y el mismo día no, porque estaba muy cansada, pero al día siguiente siempre, siempre salía a dar un paseo y a tomar un poquito el sol. Me venía genial y para mí era una motivación más.

Desde aquí, mi agradecimiento a mi oncóloga y al equipo médico del Hospital de Mérida, que tanto me ayudaron entonces, y aun hoy lo siguen haciendo, ya que actualmente continúo con  un tratamiento de anticuerpos, con lo que sigo visitando el hospital de día.

MÁS EMOCIONES …

Estando estos días de vacaciones he reflexionado sobre lo que os conté sobre Gestionar Emociones y creo que merece la pena profundizar en el tema, y en cómo conseguí pensar y actuar como os comentaba en ese post, ya que no fue de un día para otro y necesité ayuda. Para llegar a ese punto, fue necesario pasar por un proceso, en el que se mezclaron mi situación personal y otras muchas cosas que voy a intentar desgranar.

El detonante de todo fue como digo mi enfermedad, mi mal pronóstico. Supuso un choque emocional tan fuerte y repentino que me empujó a ser consciente de que era posible que contara con muy poco tiempo.

Tuve la suerte de encontrarme en el camino con personas estupendas que me aportaron mucha positividad, apoyo y energía de la buena, fueron como pequeños tesoros llenos de bondad de los que he aprendido mucho. Eran momentos muy duros en los que yo me sentía más receptiva y consciente que nunca, por eso, a lo mejor con una sola conversación, algunos de ellos cambiaron mi vida para mejor. Son los que Albert Espinosa llama “amarillos”. En seguida os cuento quienes han sido algunos de mis “amarillos” …

Por supuesto, en primer lugar fue clave el apoyo de familia y amigos, con los que en todo momento me sentí acompañada y amada.

Cuando aún me estaban diagnosticando, me inspiraron otros pacientes más experimentados que conocí al inicio de este proceso. Con sus palabras supieron tranquilizarme y hacer que creyera en mí desde el principio. Algunos, como mi amiga Maite ya no están, aunque su espíritu luchador siempre está presente.

Mi oncóloga y todo el equipo médico que me acompañaron siempre con una sonrisa, también me dieron mucha esperanza y fuerza para luchar. Ellos son los profesionales y el primer contacto que tuve con este mundo, de ahí la importancia de su apoyo.

Como sabéis la lectura de Mis recetas anticáncer, de Odile Fernández, me animó a cambiar mis hábitos de vida, sobre todo los alimenticios, también a tener esperanza, a creer de verdad que podía sanar. Aquí podéis consultar otras lecturas interesantes y motivadoras.

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Como os expliqué en este post, el yoga me ayudó de muchas formas, y de mi profe de yoga aprendí a abrazar el presente y eso, progresivamente, pienso que me hizo deshacerme del miedo (al menos la mayor parte del tiempo). Si sólo pensamos y nos centramos en el momento actual, en el presente que es lo único que con seguridad tenemos, podemos olvidarnos del miedo, ya que, al menos yo, el 99% de las veces sentía miedo de cosas que estaban por ocurrir.

Mis mamás donantes de leche materna también fueron una fuente importante de energía positiva (aparte de la leche propiamente dicha). Es admirable cuando una lo está pasando tan mal, encontrar mujeres, unas amigas y otras hasta entonces desconocidas, tan solidarias y empáticas con los demás. Las situaciones límite sacan lo mejor de las personas.

También hice reiki y acupuntura. Asistí y asisto a terapia con mi psicooncóloga que es estupenda. Todo esto me aportó mucha paz y serenidad, y pienso que todo aquello que nos ayuda a mantener el equilibrio emocional, a gestionar el estrés y nuestras emociones, acaba reportando beneficios también a nivel físico, reforzando nuestro sistema inmune.

Pienso que todas estas prácticas, junto con el convencimiento de que mi final podía estar cerca, hizo que evolucionara y me decidiera a emplear mejor el tiempo, mi tiempo, fuera el que fuera. Me decidí a priorizar. Como mi tiempo era finito, me di cuenta de que no quería gastarlo en tareas y relaciones personales vacías o tóxicas (las que nos chupan la energía y no nos aportan nada bueno) y a cambio preferí rodearme de actividades y gente que sumara, con las que me sintiera bien y conectara. La mejoría en mi ánimo fue espectacular. A pesar de mi situación, comencé a disfrutar a cada segundo de donde estaba, de lo que hacía y de las personas con las que lo compartía. Así comencé a valorar y agradecer todas las cosas buenas que tenía.

Ya os iré hablando en profundidad de cada una de estas herramientas, pero que sepáis que existen y están a nuestra disposición para utilizarlas en pro de nuestro bienestar. Ahí están para nosotros, os animo a probar y que cada cual descubra y se quede con las que le aporten cosas positivas.