Otro cambio fácil y muy beneficioso que realicé desde el principio fue sustituir el café por el té verde.
El té verde tiene un montón de propiedades: es muy antioxidante, estimula el sistema inmune, diurético, protector cardiovascular, antiinflamatorio (el cáncer se asocia a la inflamación) y también puede potenciar el efecto de la quimioterapia. Hay un montón de tipos de té, pero el más recomendable es el té verde sencha, y preferiblemente en hojas sueltas, ya que el de las bolsitas suele ser de peor calidad y puede contener tóxicos. Tiene un sabor suave, ligeramente amargo, que me encanta.

Para preparar las infusiones, el agua no tiene que hervir, de modo que la retiraremos del fuego un poco antes de que llegue a cocer. Dejaremos infusionar de 8 a 10 minutos para que todas las propiedades pasen al agua. Si se quiere endulzar, podemos añadir estevia o sirope de ágave.
Lo ideal es tomarlo al menos tres veces al día, después de las comidas. Y si durante la comida hemos tomado cúrcuma, mejor que mejor, ya que las propiedades de ambos alimentos hacen sinergias y se potencian entre sí, con lo que obtendremos aún más beneficios.

Yo normalmente, le añado un trocito de piel de limón, naranja o mandarina, sin incluir la parte blanca ya que amarga. Esto le da un toque de sabor muy rico, además de aprovechar las propiedades de los cítricos.
A veces, para variar mis infusiones, la piel de cítrico la cambio por anís estrellado. Otra opción es tomarlo con clavo, cardamomo y canela en rama, con lo que obtendremos un sabor especiado muy rico. También está delicioso infusionándolo con la piel de una manzana roja. En fin, podemos ir cambiando la combinación según nos apetezca.
Bueno, espero que os haya gustado y que os animéis a probarlo!!






